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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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20-02-2014

 

 

 


 

 



Ucrania cruza el límite de la sangre sin desenlace a la vista

 

 

 

 

SURda

Ucrania

Opinión

Rafael Poch

 


Tanto el gobierno como la oposición son demasiado débiles para imponerse | Los grandes imperios del entorno de Ucrania, la Unión Europea y Rusia, practican un juego egoísta e irresponsable en lugar de propiciar una mediación que evite el gran peligro de una implosión del país

Los 26 muertos de la víspera en Kiev , nueve de ellos policías, no han tenido más consecuencia que un pequeño avance de posiciones en el centro de la ciudad. La policía ha retomado el control de dos calles y algunas sedes del gobierno que habían sido ocupadas por la protesta, pero miles de personas continúan en la plaza. El anunciado inicio de una vaga “ operación antiterrorista ” no parece haberles impresionado mucho. Si las cosas no cambian, el pulso no resuelto empuja hacia más violencia.

El presidente Viktor Yanukovich , que en un dramático llamamiento televisado a la nación ha pedido a los líderes de la oposición que, “se desmarquen de los radicales”, acaba de cambiar al jefe de las fuerzas armadas. ¿Cómo interpretarlo? El ejército que siempre había dicho que se mantenía al margen de la crisis, comienza aparentemente a implicarse en ella. Se ha anunciado por ejemplo la movilización de una brigada paracaidista, pero no parece que vaya a haber una intervención inmediata. Podría ser un faról. Mañana Kiev recibe a los ministros de exteriores de Alemania, Francia y Polonia, quienes junto con la floja responsable europea de política exterior, Lady Ashton, vienen a presionar al Presidente, al que desde Bruselas, Berlín y París se amenaza con “sanciones” .

La película de los trágicos disturbios de ayer, con muertes por arma de fuego en ambos bandos, no deja en muy buen lugar a la oposición, que marchó con violencia contra la sede del parlamento poco después de que entrara en vigor una amnistía y de sucesivas concesiones del gobierno. Tanto la presidenta de Lituania, Dalia Gribauskaite, como su homólogo polaco, Donald Tusk, reaccionaron a aquellos sucesos condenando a ambas partes por lo sucedido, y expresamente a la oposición que, “provocó agresivamente” en palabras de la lituana. Horas después, sin embargo, Tusk no solo se alineaba por completo con la posición del embajador de Estados Unidos aquí, considerando al presidente Yanukovich como único responsable de lo sucedido, sino que pedía sanciones contra el presidente en nombre de la Unión Europea.

Por su parte, el presidente ha dicho que la oposición, “ha cruzado la frontera al exhortar a los manifestantes a tomar las armas”. “Todavía no es tarde para escuchar, ya hemos pagado un precio demasiado alto por las ambiciones de los que quieren conquistar el poder, hay que sentarse a la mesa de negociaciones”.

La situación es sumamente peligrosa. El país, hay que recordarlo, está dividido en su identidad, su lengua y su religión, y una grieta política como la que se está creando podría ser fatal para su integridad y motivo de una gran violencia. En ese contexto, cuando hacen falta mediadores bienintencionados, la errática política de la UE -ese juego irresponsable del todo o nada dirigido desde Berlín con su subalterno polaco- no hace más que añadir leña al fuego. Apoyar descaradamente a uno de los dos bandos y amenazar con sanciones al otro, puede resultar sumamente contraproductivo. La visita de los ministros europeos, este jueves, es para presionar, no para mediar. Por su parte, Moscú también presiona: evita aclarar cuando entregará los 2000 millones de ayuda prometida a Yanukovich. En el partido del presidente se están produciendo deserciones significativas. Rinat Ajmedov, el hombre más rico de Ucrania, apoya claramente la protesta, sugiriendo que tras ella, más allá de los deseos y aspiraciones populares en pro de una vida mejor y un sistema menos injusto, lo que hay sobre la mesa es una pelea entre oligarcas y magnates al servicio de uno u otro imperio. Hay que recordar que la actual oposición, ya estuvo aquí en el poder y que su gobierno no se diferenció en lo esencial del gobierno que ahora se denuncia: corrupción, corrupción y corrupción.

Los imperios que rodean a esta gran nación europea a la deriva, no hacen más que complicar la crítica situación de Ucrania , un país que por sus característica no puede ser “ganado” definitivamente por nadie, sino que está condenado a buscar su lugar practicando el equilibrio entre sus dos grandes vecinos. Ni Moscú, que quiere integrar a Ucrania en su consolidación regional, ni la UE que junto con Washington quiere impedirlo aunque sea a costa de la desestabilización del país y de toda la región, parecen tener un guión que tenga en cuenta los intereses y la supervivencia de Ucrania.

En Kiev , con el metro cerrado y los accesos sometidos a fuertes controles, el ambiente de calle es de total normalidad. Solo en el centro arden las hogueras y se mantiene una vigilia expectante.

La ausencia de una mediación internacional cuando los dos bandos enfrentados son sumamente débiles (el presidente no puede imponerse sin arriesgarse a una gran matanza y un desorden generalizado en el centro y oeste del país, mientras que la oposición no representa, ni de lejos, a todo el país, carece de programa y sus líderes son unos incapaces),es lo que convierte la situación ucraniana en sumamente peligrosa.

  Fuente: http://www.lavanguardia.com/internacional/20140219/54402356126/ucrania-cruza-limite-sangre-desenlace-vista.html



 


 
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